miércoles, octubre 02, 2013

R.E.D.





Nosotras, que somos hijas de Hécate.

Nosotras, que sabemos del morder del cielo helado en las entrañas
que nos detenemos en las arenas rotas de los cuerpos
como se detienen las estaciones en la tierra, desencadenando el bronce.
Nosotras, que no nos perturban las flores de los sexos
sino para explorar tersuras y placeres
interminables abismos de geometría oscura
saladas y embriagadoras auroras boreales.

Nosotras, que sabemos que los ángeles no son abstemios ni esquivos.
Nosotras, que por línea estelar amamos como endemoniadas
que nos preñamos de la pasión y la belleza
y damos a luz monstruos de encanto enloquecedor.
Nosotras, que nos vestimos de los colores de la muerte −vetusta soberana−
para celebrar la Vida
y que nos adornamos con los esmaltes de la vida
para acariciar la Muerte.

Nosotras, que detestamos el olor de vuestra sombra.
Nosotras, que os odiamos con toda la indiferencia que nos cabe en los colmillos
que os compadecemos a veces el tiempo justo cuando os vemos adorando la basura.
Nosotras, que hemos sido asesinadas por vosotros, raza deforme
aguardando desahuciadas a que las horas abandonen el recodo hueco del minuto
descifrando esos sonidos que no entendemos en vuestra lengua esclava.
Nosotras, por vuestra causa
sangrando como una orgullosa bestia descomunal
respirando un aire de otra parte
delicioso, yugular, intransferible.

Hemos jugado a vuestro juego, pero estamos cansadas.
Y vosotros pensáis que van a importarnos los nombres que nos deis
preocuparnos, a estas alturas
por          vuestros          nombres
especie sumisa, que no sabéis del verdadero filo de las cosas
que no sabéis amar sin amputaros de miedo
os seccionáis vuestra garganta cuando nos arrojáis vuestros cuchillos

Pensáis que podéis quemarnos más alto
más fuerte
y creéis que nos importa
pero sabéis
Nosotras
ya no somos niñas
Nosotras
ya no somos nuevas almas
Y sabéis
Nosotras
sabemos
que cuando invocamos os arrastráis por un segundo más de Danza
sabemos
que cuando reímos suspiráis por lamer la sangre seca en nuestros dientes
Albergamos un jardín, maldita escoria
vosotros tampoco sabéis qué Nombre me enjoyaba las heridas
Pero Nosotras sabemos de vosotros

Por todo lo que amo, miserable y sucia humanidad
voy a demostraros de qué está hecho el palpitar atroz de las galaxias
voy a perforaros los pulmones con el perfume de mi obscena y largamente desflorada libertad

Por eso
os digo

Alabemos
Nosotras, las desterradas
Conjuremos
Nosotras, Reinas Madre con ardiente jauría negra entre las piernas
Regresemos
Nosotras, carne de estigma
vírgenes, prostitutas y hermanas
sempiternas Hijas verdes de esta descastada y tibia Luna babilónica.








viernes, septiembre 20, 2013

S'esbattre, ma Déesse, mon Désir



Cómo he de pedir esto, dioses,
decidme.
Cómo he de pedirlo.





jueves, septiembre 05, 2013

Novilunio


Nunca pensé
«ha de reposar aquí mi carne herida»
porque aquel sol nunca fue más terrible que el Sol
y la noche ha de brotar de carne a carne hoy como la lluvia helada
acariciando las percepciones de la sombra
implantando el dulce imperio de lo negro.

El sol,
como nada pudo entonces,
nada ahora.





lunes, julio 29, 2013

Dæmonica





Podéis hacer de mí lo que queráis
pues en el fondo sabréis que sois lo que yo he hecho de vosotros.
Apuñaladme si creéis tener el poder.
Apuñaladnos.

Me consta, criatura
que hemos de morir aún muchas veces
pese a que tú y yo hayamos sido pulcramente asesinados
primero y séptimo
portal y tumba
(esas manos que se hundían en la tierra
escarbando los altares desde el hueso cuando yo tenía otro nombre).
Y tras todo este tiempo
vuelvo ahora cabalgando la palabra que aúlla y sangra en desafío
y comprendo que hemos sido furia y dolor
ambos, primero y séptimo
furia y dolor
templo ardiente y rumor de cocodrilos
sacrificados a nuestra propia efigie como dioses.

Alguno de vosotros logró arrancarme los ojos, es cierto
y aun así
realmente creísteis en algún momento que podríais destruirme
a mí, a nosotros.
Pero qué poco, qué poco sabíais de mí entonces
qué os llevó a pensar que alguna vez yo iba a ser compasiva con la muerte
(yo, que nací para ser virgen
y escarlata Meretriz
nosotros, que hemos sido pura ciénaga
marisma y barro).

Vendrá el Príncipe,
rugen los lirios.
Y nacerá ensangrentado de lluvia y piel abierta
y su blancura será el blanco cegador de las heridas
su osamenta tierras verdes que alumbró una Luna virgen.
Vendrá y hará cantar la carne del mundo
en una convulsión febril, sedienta
los abismos floreciendo como bellas fauces negras a su paso
las razas −todas ellas− recubiertas de cenizas
sus ajadas bocas desquiciadas por lamer su sudor ígneo
su cantar remoto.

Oh, viento quebrado de lo negro.
Espero que jamás pensaras seriamente
en arrebatarme de las cosas que aún espero
−Hija anciana del crepúsculo−
desnudando la sonrisa torva de los ríos que me vieron cuando Era
acechando en la espesura de esta sombra
que aún aguarda palpitante a que desboque la plenitud de la tormenta.



miércoles, julio 17, 2013

mirror, mirror





Hey, my beast 
come, eat my flesh
taste my tears, kin of my kin
we should sing along this lullaby
we’re some kind of
suicide lovers 
after all








lunes, julio 01, 2013

Mi querido diablo




Querido mío:

Después de pasar todos estos años huyendo de ciertas cosas, siempre he sido consciente de que un pensamiento límpido e inmisericorde se iba asentando en mi cabeza como un aroma penetrante de flor bella y moribunda; y ahora que te leo como hundido en sangre su azote me alcanza con tus trazos como una certeza ineludible: Nosotros fuimos al mismo tiempo, mi adorado, nuestro más hermoso comienzo y nuestro más despiadado final.

No importa cuánto nos amáramos entonces, lo sabes, cuanto hubiéramos de amarnos todos entre nosotros, imbricados y fundidos y siendo carne de oleaje como pájaros felices de arder hasta extinguirse en el crepúsculo. No importa cuánto supiéramos mutuamente de ese abismo, porque al final todos renunciamos extrañamente a él aún no sé decir muy bien por qué razón, por qué demoníaco motivo impuesto por una tierra pretendidamente divina y que al vencernos finalmente lo único que consiguió fue despojarnos de lo bello, hacernos renunciar, correr hasta olvidarnos de nosotros mismos (de los otros nunca, claro, cómo olvidar, cómo saber olvidar alguna vez todo lo que nos recorrió entonces, toda la piel que nos creció mientras aullabas a la luna, amado mío, todo aquello que nos contemplaría fijamente la nuca y la bañaría con su aliento sin morderla toda la vida desde entonces, toda la vida).

Recuerdo esa pira también en aquella noche sin adornos, la noche en la que nos arrancaron algo tan preciado e irrepetible, algo que yo había intentado arrancar insistentemente de mí misma, comprendiendo en el fondo que uno no puede arrancarse las vísceras por mucho que le duelan, por mucho que quiera aferrarlas y hundir su rostro en su encarnado resplandor. Lo pensé hace tiempo, mi exquisito y dulcísimo diablo, aunque nunca te lo dije, pues ya sabíamos hace mucho que los artistas nunca fueron criaturas inocentes, salvo él, él tal vez sí. Porque nosotros, tú y yo, sabíamos del horror y de la noche, pero en él hasta la infamia más perversa estaba recubierta siempre de un invariable fulgor blanco (por eso se lo llevaron antes, claro, dejándonos a ti y a mí aquí, hundidos hasta los pulmones en lo negro y fingiendo no saber o no entenderlo, ¿no es así…?).

Pero sí, huir, huir siempre. Y, sin embargo, ahora no puedo evitar pensar Míranos, de qué teníamos miedo, qué hubiera podido ocurrir que fuera tan terrible si al final siempre nos ha aguardado la muerte, de dónde salió ese pánico si éramos jóvenes, si teníamos la sangre y la risa necesarias, qué hubiéramos perdido realmente comparado con esto, hubiese sido siquiera comparable.
Ya no sé, mi bello diablo (ay, si yo hubiera nacido hombre, qué magnífico hubiera sido competir yo también por esos títulos, acaso incluso hubiese conseguido hacerte sentir encantadoramente amenazado, querido, no lo niegues), yo ya no soy nada, el mundo no me teme a mí sino a mi Hijo; pero si somos al menos la mitad de abominables de lo que nos han llamado, tal vez nos atrevamos a ser verdaderos monstruos en otra vida. Quizás entonces conseguiríamos que ellos callaran, que fueran ellos los que sintieran el terror con el que nos hemos permitido ineptamente asesinar, y nosotros lograríamos ser al fin hermosos seres de retales, ofensiva carne de discurso delicado y atroz como una guadaña de plata, como ese azul bestial que nos lleva asolando desde que se lo llevó a él. Incluso así tú y yo seríamos negros siempre, no te engañes; pero de este modo tal vez su estrella brillaría más tiempo esta vez, y la vida no consistiría en una mera obstinación absurda en parecerse lo menos posible a la vida.

Sé que hablo como una reina y sin embargo en esta tierra sólo gobierno sobre cosas inertes. Ni siquiera encuentro la voluntad necesaria para pedirte que te quedes, que no me abandones tú también, porque yo hace ya muchos años que me fui dejándote a tu suerte en este mal cauterizado desierto. Te he amado como a él, como a ellos, como a nada; y aun así resolví morir y nos abandoné a todos. Tú, el más infame, el más vilipendiado, insaciable pecador, ángel caído inagotable, al menos has tenido la educada deferencia de anunciarme tu muerte.

Porque vas a morir allí, hermano mío.

No, yo ya no soy nada en este mundo, y no obstante voy a permitirme aún una última osadía: Si, ebrio con el fantasma incandescente de los días, con la tinta y el hastío infectando y devorándote las venas, te encuentras de pronto con un filo a punto de trazar una luna inigualable en tu hermoso cuello inglés de tentador; recuerda cómo éramos entonces y piénsalo un momento antes de irte, mi diablo. Piénsanos: tú, yo, lo que sabíamos.

Y luego piensa en ellos, en esa raza ridícula.

Si todavía te queda algo de ti mismo (que no lo dudo, pese a lo que puedas decir no existe lugar lo suficientemente profundo donde desvanecerte del todo en este lado de las cosas) sé que estallarás en una soberbia y agria carcajada. Indudablemente, hemos cometido un crimen.

No tengo más que añadir. Si hoy, si ahora mismo dijera que te voy a echar de menos, sería una mentira feroz: Nosotros, nosotros, querido mío, llevamos añorándonos toda la vida.

Aguárdame en las llamas, mi adorado. Cuando mi única y última función se haya cumplido, cogeré tu mano (y −si existe algún dios por primera vez convenientemente vengativo− también la suya), mientras comienzas a susurrarme en la eternidad abrasadora todos esos versos que juramos que jamás podrían hacernos olvidar.

Siempre tuya,

M.



[...]



domingo, junio 30, 2013

De reinas y escarcha




−Son las abejas −decía la abuela, su cabello como plata resplandeciendo a la luz trémula del fuego−. El Gran Pájaro. La Reina Blanca le ha visto y le ha ansiado, y ha ordenado que le lleven la miel de su rojo corazón.
Y entonces me miraba, y me decía que Ella era tan hermosa, y me acariciaba la cabeza. Yo le preguntaba quién era ella, qué hacer, dónde encontrarla; pero mi abuela me rozaba la mejilla con los dedos y no me daba ninguna otra respuesta.




miércoles, junio 26, 2013

Grace


His mama said "my son is odd"
The doctor said "don't you worry, he's insane"
And the party is outside the town
And it'll last two weeks and it's full of clowns
Who don't sing, and don't dance anymore

His mama said "my son is weird"
The father said "I won't bless him again"
And the sheeps lie down waiting for their chance
They are full of grace
But they don't dance, they don't sing anymore

He swears that he's not guilty...

(Bandini, His last supper)








lunes, junio 24, 2013

Silverborn





Quien alguna vez supo mirar una tormenta,
conoce nuestra historia.


(Benjamín Prado)